Estoy aquí esperando a que me vengan a recojer para hacer seguramente el ultimo botellón de semana santa (si, son las 3 de la tarde, pero aqui no hay reglas de horarios, una vez que asumes los horarios europeos luego ya da todo igual)
Esta semana santa me ha recordado una vez más que no se estar sola.
Si, me encanta tener tiempo para mi, pero no soy capaz de pasar 24 horas en silencio conmigo misma. Me siento incomoda, como si desaprovechase el día o como si ya no tuviera en qué pensar. Por eso si llega la noche, y aun no he cruzado conversación con nadie, acudo al messenger en busca de algun alma en situación parecida con la que cruzar unos comentarios.
Esta semana santa me quedé en Milan, por voluntad propia. El fallo es que mi voluntad no coincidía con la de la mayoría de la gente. Aun asi, este echo, ha propiciado unas cuantas situaciones curiosas.
Uno de esos días de no hacer nada decidí después de pelearme una media hora con el despertador ya que la opción de pasar todo el día en casa, en ese momento en la cama me parecía la mejor. Conseguí levantarme a las 6'30 de la mañana e irme yo sola a Vicenza. A ver la ciudad. Son cosas que se hacen aquí. No me veo en Madrid un sábado levantandome a la hora que ponen las calles para irme a ver Chinchón.
Una vez que llegué allí había dos señoras que rozaban los 60 buscando igual que yo el bus que nos llevase a Villa Rotonda. Pero ellas de italiano cero. Asi que me dio por hacer la obra del día e indicarlas como ir. Y claro, como venían por mi camino, nos quedamos hablando. Resultaron ser de Seatle, y estar de viaje por italia. Yo como no tenía otra cosa que hacer, y ellas como no eran capaces de hacerse entender con la mitad de los tios de las recepciones, terminamos pasando toda la mañana juntas, yo practicando mi ingles y ellas con guía gratis. Y la verdad que me encantó la mañana.
Y otro día de esta curiosa semana santa decidí hacer unas torrijas, por aquello de sentirnos más como en casa e invitar a los que quedabamos. Pero si eramos pocos, se rajaron la mitad y terminamos haciendo una cenita Denis y yo (que porque liarnos no nos liamos, pero ultimamente estoy más con él que si fueramos pareja) y acoplandose un chico de edad dudosa, por aqui dicen las malas lenguas que ronda los 80 o por lo menos lo parece. Terminamos en otra fiesta en casa de un portugues en la que sólo conocía al chico antes citado y a otra chica canaria, y yo con alguna copa encima preguntandole cuanto me pedia por los libros que tenía en el salón y que eran de los chicos que vivieron allí el año pasado (L.T.O 5,6,7).
Y ese es el motivo por el que ahora me voy de fiesta, para despedir a una de las amigas de la chica canaria, que conocí el otro día en la casa del Portugues.
Esto es el eramus, no parar de conocer gente, para no tener tiempo a estar sola.
Por cierto, mis converse eran las beige no las de dibujitos.
lunes, 24 de marzo de 2008
miércoles, 19 de marzo de 2008
Caffe e ghiaccio
Con el frio del invierno no había notado aun la gran diferncia gastronomica que nos separa de los italianos.
Pero esta semana gracias a la familia, que ha conseguido el logro de que subsista, viaje incluido, por más de una semana con menos de 15 euros en el bolsillo. Y de que comamos todos los días fuera me he dado cuenta de que realmente lo que nos diferencia de los vecinos de la bota no es la pasta y la pizza hasta casi para desayunar. Es el cafe con hielo.
Aqui de momento he encontrado tres modalidades distintas, y ninguna la de la foto.
El primer día que mi madre me hizo pedir uno de esos cafes, el camarero me miro con cara bastante rara, y ante mi insistencia de que realmente quería el cafe así. Muy cortesmente nos trajo una tazita de cafe expreso ( de esas que das un sorbo y el café se ha acabado) con dos hielitos pequeños algo asi como dos lacasitos dentro de la taza. Que ni enfriaban ni nada.
Eso si, de donde sacaría ese hombre los hielos de ese tamaño. Tendrá cubiteras para mini cafes?
No contentas con el primer intento fallido en Pizza volvimos a pedir otro cafe con hielo, esta vez, ya aprendiendo la lección especificando por favor que el hielo fuera en un vaso a parte. Asi que el camarero, repitiendo la cara del de el día anterior, nos volvio a traer un cafe algo más grande que un expresso con un vaso de hielos lleno de agua. Por lo menos este mejoró, sólo hubo que beberse el agua y más o menos tuvimos nuestro café.
Y como esto ya empezaba a tener su gracia, y queríamos probar hasta donde llega el ingenio de la gente cuando le pides algo que no han visto en su vida. Me viene en mente la voz en off de mi madre cuando cuenta, por enesima vez su revuelto con patatas fritas que consiguio en el hotel de grecia el pedir una tortilla de patatas. Volvimos a repetir la operación.
Esta vez el camarero nos trajo una cubitera y un par de copas de vino vacias, junto con los dos cafes, a lo que añadio en un español bastante decente "los españoles no cambiais nunca".
Y aparte de los cafes y sin venir a cuento: ¡mi madre se ha modernizado!
(haber si sabeis quien es quien, que las mias también son nuevas)
Pero esta semana gracias a la familia, que ha conseguido el logro de que subsista, viaje incluido, por más de una semana con menos de 15 euros en el bolsillo. Y de que comamos todos los días fuera me he dado cuenta de que realmente lo que nos diferencia de los vecinos de la bota no es la pasta y la pizza hasta casi para desayunar. Es el cafe con hielo.
Aqui de momento he encontrado tres modalidades distintas, y ninguna la de la foto.
El primer día que mi madre me hizo pedir uno de esos cafes, el camarero me miro con cara bastante rara, y ante mi insistencia de que realmente quería el cafe así. Muy cortesmente nos trajo una tazita de cafe expreso ( de esas que das un sorbo y el café se ha acabado) con dos hielitos pequeños algo asi como dos lacasitos dentro de la taza. Que ni enfriaban ni nada.
Eso si, de donde sacaría ese hombre los hielos de ese tamaño. Tendrá cubiteras para mini cafes?
No contentas con el primer intento fallido en Pizza volvimos a pedir otro cafe con hielo, esta vez, ya aprendiendo la lección especificando por favor que el hielo fuera en un vaso a parte. Asi que el camarero, repitiendo la cara del de el día anterior, nos volvio a traer un cafe algo más grande que un expresso con un vaso de hielos lleno de agua. Por lo menos este mejoró, sólo hubo que beberse el agua y más o menos tuvimos nuestro café.
Y como esto ya empezaba a tener su gracia, y queríamos probar hasta donde llega el ingenio de la gente cuando le pides algo que no han visto en su vida. Me viene en mente la voz en off de mi madre cuando cuenta, por enesima vez su revuelto con patatas fritas que consiguio en el hotel de grecia el pedir una tortilla de patatas. Volvimos a repetir la operación.
Esta vez el camarero nos trajo una cubitera y un par de copas de vino vacias, junto con los dos cafes, a lo que añadio en un español bastante decente "los españoles no cambiais nunca".
Y aparte de los cafes y sin venir a cuento: ¡mi madre se ha modernizado!
(haber si sabeis quien es quien, que las mias también son nuevas)
jueves, 13 de marzo de 2008
le notte a Milano
Esta semana he decidido tomarmela de vacaciones,ya que con una sola no me parecía suficiente, y al fin y al cabo si todos se van a tomar la de semana santa, pues yo me cojo la anterior.
Por eso ayer por la noche decidí salir. Tenía esperanzas, como siempre que salgo, de que esa noche fuera buena, pero el efecto ilusorio se pasa nada más acabar el botellón y comenzar a hacer la cola de la discoteca de turno.
Una vez allí de nuevo la gente, que se mueve por la discoteca con la misma inercia y la misma prisa que si perdiera el bus. La música, simpre la misma y las inmensas y selectivas zonas vip me volvieron a convencer de salir corriendo.
Asi que unida a una Letizia que aguantaba menos que yo (cómo estaría su alma para fumarse un cigarro en el zulo de la zona NO_VIP para descansar un rato). Decicimos al poco de entrar volver a salir.
Y sentadas en medido de una de las peores zonas de Milan de noche, esperando un bus del que intuiamos su existencia, pero nunca lo habíamos visto parar, nos pasamos casi tres horas que conviertiron al final una de las noches Milanesas en una de las mejores noches de estos últimos meses. Echándonos unos amigos polis, que a falta de encontrar a la rubia-americana-borracha que estaban buscando por poco nos llevan a casa.
Y es que, como dijimos ayer, salimos cansadas de siempre lo mismo, para volver a hacer lo mismo de siempre.
Tirarnos en un parque a pasar la noche.
Por eso ayer por la noche decidí salir. Tenía esperanzas, como siempre que salgo, de que esa noche fuera buena, pero el efecto ilusorio se pasa nada más acabar el botellón y comenzar a hacer la cola de la discoteca de turno.
Una vez allí de nuevo la gente, que se mueve por la discoteca con la misma inercia y la misma prisa que si perdiera el bus. La música, simpre la misma y las inmensas y selectivas zonas vip me volvieron a convencer de salir corriendo.
Asi que unida a una Letizia que aguantaba menos que yo (cómo estaría su alma para fumarse un cigarro en el zulo de la zona NO_VIP para descansar un rato). Decicimos al poco de entrar volver a salir.
Y sentadas en medido de una de las peores zonas de Milan de noche, esperando un bus del que intuiamos su existencia, pero nunca lo habíamos visto parar, nos pasamos casi tres horas que conviertiron al final una de las noches Milanesas en una de las mejores noches de estos últimos meses. Echándonos unos amigos polis, que a falta de encontrar a la rubia-americana-borracha que estaban buscando por poco nos llevan a casa.
Y es que, como dijimos ayer, salimos cansadas de siempre lo mismo, para volver a hacer lo mismo de siempre.
Tirarnos en un parque a pasar la noche.
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