Cansados de tanta imitación a la española ayer decidimos organizar una cena en casa de Jorge, uno de los chicos eramus. Hay si que hubo sangría, tortilla de patata, ensaladilla rusa, que no es rusa y según los murcianos sólo ellos la hacen así.
La fiesta estuvo bastante bien, y si no que se lo pregunten a los italianos que estaban allí, y que cómo no están acostumbrado al calimocho ni a nada que se le parezca, los dos cubos de sangría que preparamos les sentaron genial.
El problema a sido esta mañana, no sólo por lo que se suele entender como el día de después de una buena cena, que un poco también, si no porque hoy era mi primera clase de la asignatura que más miedo tenía. Restauración. A primera vista no debería ser más difícil ni más coñazo que otras asignaturas que ya he tenido, y seguramente no lo sea, el problema es el horario. 11horas el mismo día! Y en cima en banquetas, que si por lo menos tuviesemos una respaldo donde apoyar la espalda…
Pensarlo, la mitad del día, ni los trabajadores trabajan tanto, esto debería ser ilegal.
8’45 de la mañana, llego media hora tarde a clase, y por lo que me cuentan después la tía empezó a las 8’15 en punto, será que con 11 horas no tiene suficiente. Eso lo compruebo las tres horas siguientes, que nos tiene copiando diapositivas a destajo, y sin parar.
Primer descanso. (mis
teorías sobre los descansos como me imaginaba eran equivocadas) Y para colmo mientras el resto de estudiantes salen a fumarse ese tan deseado piti, los erasmus nos quedamos en clase aguantando una charlita de la profesora, diciendo que en esa clase la asistencia es obligatoria, y que no nos va a ayudar en nada a la hora del examen si no dominamos completamente bien la lengua a final de curso. (Algo así, como “porqué no os largáis todos los erasmus de esta clase y me dejáis a mi con los italianos, que por los menos me entero cuando me ponen a parir) BRUJA!
La segunda parte viene una profe más joven y se pone a hablar sobre el Reina Sofía (“bien, eso me lo se, aunque no me entere de que está diciendo del todo), no hay que tomar apuntes (esta tía me empieza a caer bien, porque si seguía escribiendo se me iba a caer la mano).
Error. Para hacer la clase más amena decide que los alumnos participen, y como estamos hablando de España, pues se dedica a hacernos preguntas a nosotros. 7 erasmus españoles y todos el mismo tipo de respuesta. Un minuto intentando chapurrear nuestro clarisimo italiano y al final un “escussa ma ora io capisco tutto però non posso parlare niente” (vamos, “tía, déjame en paz, que bastante tengo yo con estar aquí tantas horas escuchando italiano”)
Segundo descanso (45 minutos para comer y dando gracias)
Volvemos a clase a la hora que los españoles deberíamos estar echándonos la siesta, bueno, de hecho un poco antes, entramos a las 2, pero yo después de llegar ayer un poco tarde lo único en lo que pensaba era en una siesta. Un café ayuda algo.
Vuelve la joven, y esta vez el turno es del Louvre. Aunque esta vez tuvo menos suerte, pues no había ningún erasmus francés en clase. No saben de lo que se han librado. Así que para compensar nos hace entregar el primer trabajo: un folio sobre la restauración de un edificio conocido este último año. Para mi, esa ha sido la mejor hora de clase, viendo haber quien era el español que más paridas ponía en la redacción.
Tercer descanso ( 5 minutos para los europeos, 20 para los españoles que ya estamos hasta las narices)
De nuevo esta la profesora simpática del principio, que nos mira mal por llegar tarde. Se tira lo que queda de clase hablando sobre medidas y como medir. Y yo después de haber hecho un montón de dibujitos, de tener el culo plano, la espalda echa una mierda y una mala leche enorme, de haber estado mirando el reloj instintivamente durante las dos ultimas horas y ver que ni el reloj se movia ni la profesora se callaba o cambiaba de tema, salgo a respirar aire puro dando gracias de que son las 6’30 y podría haber sido peor, porque realmente la clase acaba a las 7’15.
Si el post te ha parecido largo, imagínate como ha sido la clase.